EL OTRO MARLOWE | RESEÑA DE “EL NOMBRE DEL JUEGO ES MUERTE”

Al principio sólo había Caos.
El Universo y esta novela empezaron igual.

Primera regla para robar un banco: Nadie se mueva y nadie saldrá lastimado.
Pero cuando alguien se mueve, el resto es un dominó de plomo.

Roy/Earl Drake, nuestro protagonista, junto con Bunny, su compinche, salen con el botín, pero su chofer de huida, pierde la cabeza y se baja del auto para abrirles la puerta. Profesionales eran los de antes. Y lo de perder la cabeza es literal, se la borran de un escopetazo. “El costado derecho de su cabeza desapareció” nos dice Marlowe, y nos marca que en esta novela podrán ahorrarse palabras, pero nunca violencia ni balas.

El dúo alcanza a huir, no sin que nuestro protagonista reciba y regale plomo.

Y cuando el plan se va al carajo hay que improvisar. Drake (aunque es uno de los muchos alias que este “personaje sin nombre” usa, lo llamaré así porque es el que su autor eligió como definitivo para sus próximas apariciones) y Bunny se separan. Bunny llevándose casi toda la torta, con la promesa de enviar una luca verde por semana al convaleciente Drake, hasta que puedan reunirse. Y la plata llega. Una semana. Y otra. Hasta que un día no lo hace y Drake encara hacia el sur para descubrir qué pasó.

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De Dan Marlowe podríamos hablar largo y tendido. Apostador. Amigo de los criminales, tanto que sus novelas tuvieron que ser censuradas para que no se transformaran en how to rob a bank for dummies. Pero de él hablaremos otro día. Ahora vayamos con su personaje.

Drake está lejos de ser un héroe, siquiera un antihéroe. Es algo que, con mucho suerte, podríamos llamar un villano honorable. Primo lejano del Lou Ford –el sheriff de 1280 Almas (1964) de Jim Thompson. Hermano del Parker de Richard Stark/Donald Westlake. Por medio del uso de unos novedosos flash backs vamos conociendo el pasado de Drake, un tiempo en el que todos, alguna vez, fuimos inocentes. Y en un momento dejamos de tenerle miedo al monstruo de abajo del a cama; cuando nos dimos cuenta que al monstruo que teníamos que tenerle miedo es el que está adentro de nosotros. Y a Drake se lo despiertan. Bullys. Canas.  El sentido de justicia y ley desaparecen, y nacen unas nuevas leyes forjadas al fuego de un 38. La diferencia entre un inocente y un muerto es una cuestión de tiempo.

Coincidentemente, 1962 fue el año en que surgió Parker en la novela “The Hunter” (A Quemarropa) . Nuestro Drake es una versión más sensible y menos profesional –o, mejor dicho, operativa– de Parker, pero con la misma rabia. La violencia es su droga. Lo que para Tony Montana era un buen saque, para Drake es un tiro en el pecho. Y en su mundo, eso es llevársela barata.

La novela está plagada de situaciones más acostumbradas al cine que a la literatura. Arranca con heist-gone-wrong, y después deviene en una “road movie”. Hoteles de ruta. La frontera que todo lo puede: México, una especie de Farmacity de Estados Unidos, donde, golpeando la puerta justa y trayendo los “verdes” necesarios, cualquier persona puede volver a empezar. Mafiosos con mucho prontuario y armas que esperan para que el suyo empiece. Y al final un pueblo de Florida, con sus pantanos y sus bares.

Los sesenta empezaron a marcar un cambio en las historias del policial. La escuela de Black Mask del 20 y el 30, por repetición hasta el hartazgo (presente en las primeras novelas de Dan Marlowe) termina por devenir en un conjunto de clichés que empastan el género. Lo que Goodis y Thompson aportan desde su exploración del existencialismo humano mediante monólogos y perdedores y asesinos, Parker y Marlowe lo hacen desde la forma: las oraciones todavía más cortas y secas, los diálogos one-liners reemplazando a las parrafadas de Chandler y su escuela. La violencia como un personaje más.

A su vez el volantazo propio que pega la novela, el pasaje de la heist-novel a la road, y su correspondiente búsqueda marcan una unión con el modelo detectivesco, y el uso del criminal como centro de la historia propio la gangster-story iniciada por W.R.Burnett. La investigación sigue presente. Ya no se trata de encontrar alguien para devolverlo al hogar. El hogar no existe. La muerte sí.

Y es el nombre del juego que Drake aprendió a jugar mejor que otros.

Al principio solo hubo Caos.
En esta novela, todo es Caos.
Negro. Y del bueno.

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El Nombre del Juego es Muerte
Dan J. Marlowe
Traducción: Carlos Gardini
La Bestia Equilátera
224 Páginas.

Publicado originalmente en Evaristo Cultural, para RASTROS, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal

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