LOS AMIGOS DE EDDIE COYLE: unas palabras para un amigo.

No sé cuántas novelas policiales o negras leí en mi vida.

Sé cuándo empecé. Diciembre 2008. El Sueño Eterno de Raymond Chandler. Y después vino Cosecha Roja de Samuel Dashiell Hammett. Arranqué así. Por el principio del principio.

La novela negra definición que parece abarcar cada vez más y si seguimos así, un día de estos el resultado de los análisis médicos va a entrar en esa categoría.

A dos o tres promedio por mes podría sacar un número estimado de cuántas llevo. Podría revolver la biblioteca, sacar, buscar, hacer un poco de memoria. Anotar. No tiene sentido. Lo importante son las que sí te acordás. Las que te quedaron marcadas. Tanto por el placer de leerlas, por las puertas que te abrieron para escribir, o te hicieron ver o repensar eso que venías craneando y trabajando. Lo limpiaron. Lo diseccionaron. Lo mismo que una buena novela negra hace, tanto en lo social, como en lo humano.

Los Amigos de Eddie Coyle de George Vincent Higgins. Esa es una novela.

Me sonaba de nombre. Una película de los setenta que me crucé en un blog de descarga amigo. El poster: Robert Mitchum, cabizbajo, rodeado de forajidos como él. Códigos entre malhechores, pensaría uno. La guardé en favoritos y ahí quedó varios años en el olvido. No tantos como la novela en volver a ver la luz.

Paréntesis: Si Humphrey Bogart es la cara del policial, Mitchum, con su actitud cansada del mundo, overwhelming por la culpa o los errores, encarna el género negro.

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Así que cuando vi que la novela se publicó en español traté de buscarla. Y como casi todo lo bueno que se edita en género negro, estaba del otro lado del Atlántico. Envío por un libro solo: Un disparate. Más desempleado. Pero por algo dicen que mejor que tener guita, es tener amigos (El bueno de Eddie Coyle tendría que haberlo sabido). Ariel, dealer de libro, hermano, me prestó su ejemplar. Él tiene la costumbre de doblar la punta de las hojas en las que encontró algo memorable, algo a lo que volver. Para que se den una idea, Los Amigos de Eddie Coyle parecía un origami. Supe que me esperaba algo bueno, pero no qué tan bueno.

Los prólogos mienten. Exageran. Son tus amigas intentando presentarte a esa amiga de ellas para que salgan a ver qué pasa. Todo perfecto. Todo color rosa. Ocultan los peros. Ya sabemos cómo terminan esas cosas.

El de Dennis Lehane acerca de la obra de Higgins también mentía.

Se quedaba corto.

Bastó un capítulo de descripciones mínimas y puro diálogo para decir: la puta madre. Leí otro. Y otro. Y cerré el libro.

Soy de esos que guardan el sabor de helado más rico para el final.

Dije: esta novela necesita otro yo. Otro que lo pueda aprovechar. Y la dejé estar.

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Tardé casi un año en volver. Escribiendo otra historia, una en la que sí iba a poder aprovechar todo eso que se cocinaba ahí. Y ahí pude ver, entender que, a veces, a este tipo de historia le cae mejor el nombre novela gris que novela negra.

Gris.

Ese es el aire que se respiran los personajes.

Lo gracioso es que Eddie Coyle, un matón de dos pesos, no tiene amigos. Sí un problema. Una causa que lo aprieta. O entrega a alguien o va a terminar con sus huesos en la cárcel. Un tipo demasiado viejo para volver a empezar.

Toda la novela se centra en las peripecias, los dilemas éticos o morales acerca de qué hacer. Ya no es el héroe de la armadura oxidada, el caballero andante icónico de Bogart. Acá lo más parecido a un protagonista es un vendedor de armas ilegales que vio lo mejor de su vida pasar hace un rato largo y en la desesperación para pagar al plomero o la comida o esa birra extra en el bar de Dillon, decide robar un camión para ser arrestado instantes después. Más desesperado que criminal.

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La novela es noventa por ciento diálogo. Matones hablando de cómo perdió su equipo de hockey, de las quejas de sus mujeres porque no están en sus casas, de los pedos por comer tanto huevo mientras regatean el precio de un revólver con un caño de cuatro pulgadas o le dicen . Como Tarantino. El de entrada. El de Perros de la Calle y Pulp Fiction.

Todo aquello que llaman Tarantiniano -gangsters, matones, lowclass, sobrevivientes intercambiando diálogos triviales, el costumbrismo y el humor mezclado con el drama y la violencia- debería llamarse correctamente Higginiano.

Charlas y charlas y más charlas. Y en el medio de todo, gente haciendo su trabajo. Para algunos es ser policía, para otros conseguir pistolas, y para otros fichar de nueve a cinco en una oficina o ser azafatas. Nadie quiere hacerle el mal al otro por el mero placer de ser un hijo de puta. Nadie. Pero nadie quiere terminar en cárcel. Y alguien tiene que pagar la cuenta.

Sin glamour. Sin ser cool. Los setenta. Crudo. Duro. Real. La violencia como un estorbo necesario. Gente que tiene planes donde tendría que haber esperanza.

Darwinismo criminal bostoniano con diálogos verbatim captados de la realidad, esa música de callejón que funciona con la perfección de una relojería suiza.

El canto de cisne de Eddie Coyle.

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El policial italiano en palabras de Sandrone Dazieri

En una entrevista realizada por Elemental, el escritor Sandrone Dazieri, nacido en Cremona en 1964 y autor de El ángel (Alfaguara),  comenta el nuevo policial italiano:

En Italia, hasta los noventa, los libros de misterio escritos por italianos no tenían mercado, eran como un derivado de lo americano, lo francés. Entonces llegó una nueva generación, de la que yo también he sido parte, y tomamos la técnica de los escritores internacionales que nos gustaban, pero para hablar del presente de Italia. Yo, de los bajos fondos. Carlo Lucarelli, de Bolonia. Massimo Carlotto, de la mafia del noreste, Camilleri, de Sicilia… y era muy interesante esa fase porque más allá de resultados artísticos, tal vez discutibles, había una innovación auténtica. La gente leía estos libros y decía, caramba, el mundo es peor de lo que pensaba, hay lados oscuros. Hoy en día y desde la mitad de los 2000 la novela criminal ha tenido mucho éxito en Italia, por ejemplo Camilleri. El problema es que se impuso un modelo que se replicó muchísimo: el misterio asegurador, tranquilizador. Camilleri es un gran escritor, estupendo, sus personajes son fabulosos, pero no es inquietante, no inquieta al lector. Cuenta historias de un lugar que no existe, se sabe que existe la mafia pero no se ve demasiado. Y todos los demás que vienen después parecen Camilleri de segunda. Las historias son siempre iguales: comisario de mediana edad, amante de la buena cocina, que investiga en su localidad, en su pueblo. El 20% de la novela es la investigación y el 80% son sus asuntos: está durmiendo, escucha el despertador y luego el teléfono, su asistente en comisaría normalmente es un idiota, le informa de que ha pasado algo. Se levanta, se viste, piensa en su hija, un problema con su novia, empieza a contar lo que ve, aquí voy a tomar café, aquí voy a comprar pan… y luego surge el cadáver. Y no digo que este modelo esté mal, pero no es el único, hay que cuestionar lo que sucede. Otros autores hacen otras cosas, también son buenas, pero ambientan su historia en el fascismo, el imperio romano… para no afrontar las contradicciones del presente, porque es mucho más difícil hacerlo y asumir el riesgo de posicionarse ante la realidad. Y luego otros hacen thriller, cosas más inquietantes, más fuertes, y espero que esto rompa un poco esta homogeneidad. 

 

ZONA CALIENTE de Charles Williams

Charles Williams, autor olvidado en estos últimos treinta años, que supo tener su lugar en la colección Serie Negra de Editorial Tiempo Contemporáneo -dirigida por Ricardo Piglia- como así también en Bruguera, vuelve a editarse. Esta vez con la novela “Zona Caliente” publicada por La Bestia Equilatera, obra que fue llevada al cine por Dennis Hopper en 1990.

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Sinopsis.

Harry Madox vive asistido por la tentación. Mientras trabaja en una agencia de autos usados, solo piensa en robar el banco del pueblo y escapar a una playa del Caribe. Sus obstáculos tendrán forma de mujer: la inocente e irresistible Gloria Harper y Dolores Harshaw, la provocativa esposa de su jefe.

Zona caliente es un fulgurante ejemplo sobre cómo escribir una historia perfecta siguiendo los cánones del thriller. Con su arte refinadísimo, la novela prodiga un extraño hechizo en el lector, que, incluso mucho tiempo después de haber llegado al final, no puede olvidar a los personajes. El deslumbrante sentido del ritmo y la construcción de una atmósfera siempre abrasadora hacen que el suspenso y la intensidad narrativa jamás decaigan.

Un moldeado magistral comanda la ejecución de esta trama de rigurosa eficacia. Dueño de un estilo exquisito y despojado, Charles Williams sorprende con su agudeza perceptiva. La traducción extraordinaria de Carlos Gardini otorga a las imágenes y escenas una inusual potencia. Zona caliente es habitualmente recordada por tener el desenlace más admirable del género negro.

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Charles Williams

“Jim Thompson, David Goodis y Cornell Woolrich son grandes autores, pero Charles Williams está por encima de todos. Nadie como él puede hacer que la violencia parezca más real”.

Comic Noirs

Hard Case Crime, uno de los sellos más importantes del género negro, se unió con Titan Comics para lanzar una serie de cómics negros con autores de renombre que verá la luz en Octubre de este año.

Uno de los primeros títulos será Triggerman, escrito por el director y guionista de cine Walter Hill (The Driver, The Warriors, Streets of Fire, etc) junto con el francés Matz (El Asesino) y el dibujante Jef. Por lo que se puede ver en las primeras imágenes se puede intuir un aire a la película Last Man Standing dirigida por el propio Hill.

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El segundo título que saldrá es Peepland y será escrito por los autores Christa Faust (Money Shot) y Gary Phillips. El arte estará en las manos de Andrea Camerini.

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En 2017 saldrá una adaptación de las novelas de Quarry de Max Allan Collins, quien este año será llevado también a la pantalla chica.

Novedades Julio 2016

El muertito, de Oscar E.Tabernise

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Lucio Gualtieri, alias El Tano. Ex policía, ex adicto, ex esposo, que apenas sobrevive rompiendo piernas para un usurero y solamente puede hablar con su hija a través de un perfil falso de Facebook, recibe un encargo para realizar un trabajo sencillo en la provincia de Misiones.

Pero al llegar a Puerto Piray descubre que se trata de un asesinato. La clave para resolver el caso se encuentra en la tumba de El Muertito, un niño que apareció muerto en el río hace más de veinte años y al que la gente del lugar toma por milagroso.

Y es justamente un milagro lo que necesita Gualtieri para salir vivo de la selva, ya que una vez descubierta la verdad, pasará a ser un testigo molesto, un estorbo, al que habrá que eliminar.

“Respiró la calma del lugar y pensó con tristeza que un pueblo que cree en un diablo que secuestra niños termina por hacer realidad el mito.”

El Muertito
Oscar E. Tabernise
Editorial Revólver
138 páginas

Resurrección de un Comisario, de Miguel Gaya

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El comisario de la Policía Federal Argentina Héctor Aníbal Ponfet fue asesinado en 1942 por su jefe y enemigo, el comisario general Guardiola. En octubre de 1945, vuelve de la muerte. ¿Para qué vuelve? ¿Cuál es su misión? El mundo ya no es lo que era, pero sigue siendo poco comprensible para Ponfet, que no sabe si Hitler murió o se esconde en algún punto de Argentina; y tampoco si Perón podrá lograr su objetivo o se tropezará con algún fantasma.

Resurrección de un Comisario
Miguel Gaya
Del Nuevo Extremo – Extremo Negro
128 páginas

El Recomendado de Shane Black

Con motivo del estreno de The Nice Guys, la nueva película de Shane Black, le preguntaron al guionista y escritor qué les recomendaría a aquellos que quisieran iniciarse en la novela negra y criminal.

Diría que El Escalofrío de Ross MacDonald es una especie de ejemplo prototípico de cómo el género de la novela de detective puede elevarse a sí misma al nivel de la literatura. Raymond Chandler es genial. Pero prefiero a Ross MacDonald.

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Portada Pulp de “El Escalofrío”

The Nice Guys estrena el 30 de Junio en Argentina y será el tercer film dirigido por el guionista de Lethal Weapon y The Last Boy Scout

 

ADAPTACIÓN DE DRIVE AL COMIC

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Drive, la novela de James Sallis, será adaptada por segunda vez, esta vez al cómic, mediante una serie limitada de cuatro números que verá la luz por IDW en agosto, y contará con el guión de Michael Benedetto y los dibujos de Antonio Fuso.

La historia del personaje Sin Nombre que se limita a conducir: como piloto para escenas de riesgo en Hollywood y por las noches como chofer para criminales ya había sido adaptada en el 2011 a la pantalla grande por el danés Winding Refn.

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James Sallis se mostró contento con el proyecto desde el primer momento.

“La idea detrás de Drive, el motor, fue escribir una versión contemporánea de los libros de bolsillo publicados por editoriales como Golden Medal- algo que se trasladaría hermosamente a una novela gráfica”

“He hablado acerca de la película de Refn como una tormenta perfecta, donde todo, música, guión, actuación, se unían maravillosamente. La versión de Drive de IDW parece que va a ser otra tormenta perfecta. La clase de desarrollo que va más allá de la adaptación; es una verdadera recreación”

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Charlando con CBR, Benedetto se mostró feliz de contar con el visto bueno de James Sallis, y anunció que la secuela de Drive, Driven [2012], será algo en lo que estarán trabajando en 2016.

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Publicado originalmente en Evaristo Cultural.